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Fuerza, fuerza, fuerza

Cartel vintage de 1894 de Eugen Sandow levantando una barra con dos hombres sentados en cestas en cada extremo, 'The Sandow Trocadero Vaudevilles'
Eugen Sandow (1867–1925), pionero de la cultura física moderna. Cartel de 1894. Dominio público.

Si tuviera que resumir en una sola recomendación lo que más ha cambiado en el mundo del ejercicio físico durante los últimos años, sería esta: haz entrenamiento de fuerza.

No es una moda ni una ocurrencia de las redes sociales. Existe un consenso científico muy sólido en torno a sus beneficios. El trabajo de fuerza ayuda a preservar la masa muscular y la densidad ósea, mejora el equilibrio y la autonomía, reduce el riesgo de caídas y contribuye a un envejecimiento más saludable. Por eso, las principales organizaciones internacionales dedicadas a la medicina del deporte y al ejercicio físico lo consideran un componente esencial de cualquier programa de actividad física.

En Yoga Grund no vendemos la idea de que el yoga sea suficiente para todo. Al contrario. Siempre animo a complementar la práctica con otras formas de movimiento, especialmente con entrenamiento de fuerza. Caminar, correr, montar en bicicleta, nadar o practicar algún deporte son excelentes aliados del yoga. Pero, si tuviera que destacar una actividad por encima de las demás, sería precisamente el trabajo de fuerza.

Eso no significa que el yoga deba vivir de espaldas a los avances del entrenamiento físico. En las clases de Yoga Adaptado y Yoga Funcional incorporamos ocasionalmente bandas elásticas y otros ejercicios de resistencia para estimular la musculatura y complementar la práctica. No se trata de convertir la clase en una sesión de gimnasio, sino de aprovechar herramientas sencillas cuya eficacia está ampliamente respaldada por la evidencia científica.

El entrenamiento de fuerza fortalece el cuerpo. El yoga también, pero además ofrece algo que cuesta mucho encontrar hoy: noventa minutos en los que tu atención deja de estar secuestrada por el trabajo, el teléfono, las preocupaciones o la lista interminable de cosas pendientes. Al terminar la clase, el cuerpo está más despierto y la cabeza, paradójicamente, más tranquila. Ese pequeño «reinicio» mental es, para mí, una de las mayores fortalezas del yoga. Y no veo ninguna razón para renunciar a los beneficios del entrenamiento de fuerza cuando ambos pueden convivir perfectamente.

Y cierro con un acto de nepotismo perfectamente consciente. Si todo este sermón sobre la fuerza os ha convencido, el siguiente paso es poneros en manos de alguien que sepa de verdad. Mi recomendación es Entrenador Málaga. Es amigo mío, así que la objetividad brilla por su ausencia… aunque, por fortuna, su profesionalidad no.

Para más información

— Francis, Yoga Grund Málaga