En 2024 tuve la suerte de traducir Conspiritualidad (Capitán Swing), un libro que puso nombre a una intuición que llevaba tiempo rondándome mientras observaba el mundo del yoga y del bienestar.
El término conspiritualidad describe la sorprendente alianza entre determinadas corrientes espirituales y las teorías de la conspiración. A primera vista parecen mundos muy distintos, pero comparten una estructura mental parecida: la convicción de que existe un conocimiento oculto reservado para unos pocos «despiertos», la sospecha permanente hacia las instituciones y la idea de que la verdadera sabiduría siempre se encuentra al margen de la ciencia, la academia o los medios de comunicación.
Pensamiento crítico en todas direcciones
No creo que el yoga conduzca necesariamente hacia ese tipo de discursos. En absoluto. Pero sí creo que este mundo, como cualquier otro, debería practicar una virtud que a veces escasea: el pensamiento crítico.
Y cuando digo pensamiento crítico, me refiero a aplicarlo en todas direcciones.
Me parece perfectamente legítimo cuestionar las recomendaciones de un gobierno, la actuación de una empresa farmacéutica o las conclusiones de un determinado estudio científico. La ciencia, precisamente, progresa porque se cuestiona constantemente a sí misma.
Lo que me resulta mucho más difícil de entender es que algunas personas sometan a un escrutinio implacable cualquier afirmación procedente de una institución... pero acepten sin apenas reservas los consejos de un influencer espiritual, un curandero de internet o alguien que asegura haber descubierto un remedio milagroso para casi todo.
El libro
Conspiritualidad: cómo las teorías de la conspiración de la Nueva Era se convirtieron en una amenaza para la salud pública nació de un podcast. En mayo de 2020, en plena pandemia, sus tres autores empezaron a documentar un fenómeno inquietante: cómo un buen número de profesores de yoga e influencers del bienestar comenzaron a difundir bulos sobre las vacunas, teorías sobre tramas globales secretas y toda clase de desinformación. Cuentas de Instagram que hasta entonces compartían recetas de batidos verdes y poemas de Mary Oliver se convirtieron, casi de un día para otro, en altavoces de teorías conspirativas.
El libro, publicado en inglés en 2023 y traducido al español por Capitán Swing, es la extensión de ese trabajo: un análisis riguroso —pero también empático y con sentido del humor— de cómo cierta espiritualidad y el pensamiento conspirativo terminaron dándose la mano. No es un ataque a la espiritualidad ni al yoga: es una invitación a mirarlos con lucidez, a reconocer las estafas del bienestar y a entender por qué personas bienintencionadas acaban a veces defendiendo ideas peligrosas.
El propio término no lo inventaron ellos: las investigadoras Charlotte Ward y David Voas lo usaron académicamente en 2011 para analizar el creciente solapamiento entre el conspiracionismo de la extrema derecha y el anhelo de transformación espiritual de la Nueva Era.
Los autores
Los tres son coautores del libro y copresentadores del pódcast Conspirituality, y cada uno aporta una mirada distinta al fenómeno:
Derek Beres es autor, periodista y experto en medios, con años de experiencia escribiendo sobre salud, ciencia y música. Se formó en Estudios de la Religión y durante mucho tiempo impartió clases de fitness en grupo, donde desarrolló un programa en la intersección de la música, la neurociencia y el movimiento.
Matthew Remski es escritor e investigador, y superviviente él mismo de una comunidad sectaria. Lleva desde 2004 escribiendo de forma crítica sobre la cultura del yoga moderno; su libro Practice and All Is Coming (2019) fue el primer análisis sistemático de las dinámicas sectarias en el mundo del yoga contemporáneo. Ha publicado también Threads of Yoga, una relectura de los Yoga Sūtra de Patañjali.
Julian Walker creció entre Zimbabue y Sudáfrica y vive en Los Ángeles desde 1990. Le fascinan los cruces entre yoga y meditación, psicología, ciencia y cultura. Ha escrito extensamente sobre sectas y gurús, sobre el spiritual bypassing (la evasión espiritual) y sobre la «pseudociencia cuántica» de ciertos círculos de la Nueva Era, además de sobre trauma, cuerpo y neurociencia aplicados a la práctica del yoga.
Un fragmento
Sobre la diferencia entre una espiritualidad sana —que acoge la duda— y una espiritualidad inmadura que la reprime. Puedes pasar las páginas con las flechas.
La espiritualidad —incluso en sus versiones más dudosas— responde a necesidades humanas profundas: sentido, propósito, comunidad. Cuando las personas se reúnen en estos espacios, crean vínculos a través de rituales que generan estados de fluidez y facilitan cambios neuroplásticos en sus hábitos, creencias y prioridades. Ese proceso puede ser bello y beneficioso. Pero también puede acentuar las vulnerabilidades personales y aprovecharse de las buenas intenciones de sus participantes.
Una espiritualidad sin fundamentos sólidos puede acabar convirtiéndose en una obsesión por la trascendencia que desdeña la vida cotidiana y las preocupaciones concretas del mundo. Los intensos vínculos que se generan en un grupo cerrado pueden generar una dependencia casi sectaria y una desconfianza sistemática hacia todo lo que provenga «de fuera».
Los estados de éxtasis ritual, que en el contexto de prácticas cuerpo-mente pueden tener efectos terapéuticos, también pueden provocar que las personas más vulnerables interpreten de forma delirante el significado de esos estados: «estamos despiertos», «somos indestructibles», «nosotros vemos la Verdad». La historia de los excesos espirituales está sembrada de naufragios: individuos y colectivos embriagados por su propia grandilocuencia. Personas adoctrinadas que llegan a convencerse de que han accedido a un nivel superior de consciencia.
La paradoja es que su soberbia aumenta con la misma rapidez con que se alejan de la realidad. Cuanto más fascinada está una persona con su supuesto poder interior, más se deteriora su capacidad de actuar con eficacia en el mundo.
La espiritualidad sana, a nuestro entender, debería estar equilibrada por un escepticismo igualmente sano. No debería prometer transformaciones rápidas y absolutas, ni girar en torno a narcisistas con delirios mesiánicos que realizan promesas desmesuradas. Debería acoger la duda y el agnosticismo como parte natural del aprendizaje y la condición humana.
La espiritualidad inmadura, en cambio, intenta erradicar el impulso de dudar con el objetivo de sostener una visión pura y positiva a toda costa. El problema es que esa duda reprimida tiene que ir a parar a algún sitio, y la conspiritualidad se encarga de señalar hacia dónde. Para mantener tu vida espiritual libre de toda impureza, la duda debe proyectarse sobre las instituciones, los gobiernos, las disciplinas académicas y los medios de comunicación.
Ciertas formas de espiritualidad pueden transmitir la falsa sensación de desarrollo personal y empoderamiento. Al mismo tiempo, las teorías de la conspiración simulan ofrecer un escepticismo sano y una sensación de control. Tanto la espiritualidad como el conspiracionismo piden a sus seguidores que «despierten» a una realidad oculta. Ambos se sustentan en una forma de conexión mágica entre ideas que antepone la apofenia —la tendencia a percibir patrones donde no los hay— a la actitud crítica y reflexiva.
Recuerdan al típico detective obsesivo que, frente a un tablero de corcho, trata de dar sentido al caos, uniendo recortes, nombres y fechas con hilos rojos, convencido de que todo acabará encajando. Cuando el crecimiento personal se convierte en una entrega creciente a este solipsismo, el efecto es justo el opuesto al que se pretende: quienes lo siguen se vuelven más cerrados y narcisistas, y acaban defendiendo creencias que pueden llegar a ser peligrosas, tanto para ellos como para los demás.
— Yoga Grund Málaga
En la prensa
Dos artículos recientes en la prensa española que se ocupan del libro y de sus autores, por si quieres seguir tirando del hilo: