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Sobre mí

Entre libros y esterillas

Hola, soy Francis.

Soy traductor literario y profe de yoga. Sí, soy autónomo y estoy dado de alta en dos actividades. Es decir, un pringado en toda regla.

La mayor parte de mi tiempo la paso traduciendo libros del inglés al español. El resto lo dedico a impartir unas cuantas clases de yoga cada semana. No vivo del yoga. Pero, siendo sincero, el yoga me da la vida. No exagero. Siempre digo medio en broma que, de no haber encontrado esta práctica hace años, tal vez habría acabado desarrollando alguna otra afición bastante menos saludable.

En fin, que me formé en 2013 como profesor en Tatami Spirit – Escuela de Terapias Naturales, centro certificado por la Yoga Alliance, y amplié mi formación en Quiromás – Formación Profesional en Quiromasaje y Terapias Naturales.

Si algo he aprendido después de más de diez años dando clase, es que el yoga cambia contigo. El yoga que enseño hoy no se parece demasiado al que enseñaba cuando empecé. Cada vez me interesan menos las posturas complejas y más la capacidad de escuchar el cuerpo. Menos la flexibilidad como exhibición y más la movilidad que te permite agacharte a recoger una bolsa de la compra sin acordarte de toda tu familia. Menos el rendimiento y más el silencio.

Francis sonriendo en cuclillas en la sala de yoga, señalando a cámara

No me interesa competir por la postura más difícil ni por la foto más espectacular. Ya hay bastante de eso en internet. Me interesa que salgas de clase caminando un poco mejor. Que respires un poco mejor. Que duermas un poco mejor. Y que, durante un rato, el ruido de fondo baje un poco de volumen. Porque ahí está, para mí, la gran diferencia con otras actividades físicas. Durante una hora y pico el teléfono deja de existir. También el trabajo, los correos, las compras, las noticias, las prisas y todo ese ruido que llevamos encima casi sin darnos cuenta. Solo quedáis tú, tu cuerpo y tu respiración.

Y ocurre algo curioso. No sabría explicarlo muy bien, pero llevo más de una década observándolo, tanto en mis alumnos como en mí mismo. No creo que el yoga haga milagros, pero al terminar la clase, muchas personas salen con la sensación de haber pulsado un botón de reinicio. Los problemas siguen ahí, claro. Pero ya no ocupan exactamente el mismo lugar.

— Francis, Yoga Grund Málaga