Cajón de sastre
Cine que hace yoga (sin hablar de yoga)
No todas las prácticas de yoga suceden sobre una esterilla. Algunas ocurren en una cocina mientras se prepara el desayuno. O durante un paseo sin prisas. O al contemplar cómo cambia la luz entre las hojas de un árbol. Hay películas que, sin mencionar una sola vez la palabra «yoga», consiguen algo que muchos discursos espirituales no logran: recordarnos cómo se siente una mente que no está siendo arrastrada constantemente de un estímulo a otro. Son películas que nos invitan a bajar el ritmo, a mirar, a esperar. A descubrir que una conversación, un paseo o una taza de café pueden contener tanta belleza como cualquier escena espectacular.
Paterson
Hay una frase atribuida al maestro zen Shunryu Suzuki que dice:
«En la mente del principiante hay muchas posibilidades; en la del experto, muy pocas».
Paterson parece construida a partir de esa idea. Durante una semana seguimos la vida de un conductor de autobús que escribe poemas en un cuaderno. Se levanta, desayuna, conduce, escucha conversaciones ajenas, pasea al perro, toma una cerveza al final del día y vuelve a empezar. Nada extraordinario.
Y, sin embargo, al cabo de unos minutos ocurre algo extraordinario: dejamos de esperar que ocurra algo extraordinario. La película nos enseña a prestar atención a aquello que normalmente pasa desapercibido. A los pequeños rituales cotidianos. A las palabras de dos desconocidos sentados detrás de nosotros. A una caja de cerillas. A la luz de la mañana entrando por una ventana.
Quizá la atención sea la forma más sencilla —y más olvidada— de espiritualidad.
Nomadland
Vivimos en una cultura que mide el éxito por la cantidad de cosas que acumulamos: una casa más grande, un coche mejor, más ropa, más experiencias, más productividad. Nomadland nos invita, sin sermonear, a hacernos una pregunta incómoda: ¿cuánto de todo eso necesitamos realmente para vivir una vida plena?
Fern recorre el oeste americano en una vieja furgoneta convertida en hogar. Trabaja cuando hace falta, conduce durante horas, prepara un café al amanecer, contempla un paisaje, conversa con otros viajeros y vuelve a ponerse en camino. La película no idealiza esa existencia ni la presenta como una receta de felicidad. Simplemente la observa con respeto.
Perfect Days
Si tuviera que recomendar una sola película para entender qué significa vivir con atención plena, probablemente sería esta.
El argumento podría resumirse en: un señor llamado Hirayama limpia aseos públicos en Tokio.
Contado así, no parece el argumento de una película muy apasionante que digamos. Pero Wim Wenders convierte ese trabajo repetitivo en una sucesión de pequeños rituales llenos de dignidad: doblar con cuidado los utensilios de limpieza, regar las plantas, escuchar una vieja cinta de casete mientras conduce, fotografiar los juegos de luz que se forman entre las hojas de los árboles. Nada sobra. Nada falta.
Y la película nos recuerda algo que olvidamos con demasiada frecuencia: la belleza no siempre necesita ser espectacular. Muchas veces basta con estar presentes de verdad para verla.
The History of Sound
En yoga se habla mucho de aprender a escuchar el cuerpo. Pero escuchar de verdad es algo mucho más amplio: escuchar a otra persona sin preparar la respuesta, escuchar un paisaje, una canción o incluso el silencio que queda cuando termina.
The History of Sound gira precisamente alrededor de esa idea.
Sus protagonistas recorren distintos lugares recogiendo canciones populares. Podría parecer un trabajo de archivo, casi etnográfico. Sin embargo, pronto comprendemos que no están grabando solo melodías: están preservando recuerdos, emociones y fragmentos de vidas que desaparecerán con quienes las cantan.
La película avanza con una calma poco habitual en el cine actual. No tiene prisa por explicarlo todo ni por mantenernos en tensión constante. Confía en que el espectador también sabe escuchar. Y esa confianza resulta casi revolucionaria en una época en la que parece que cada segundo debe competir por nuestra atención.
— Yoga Grund Málaga