Cajón de sastre
¿Existe un yoga auténtico?
Sobre el mito del yoga milenario e inmutable — y por qué eso no es motivo de preocupación.
La historia del yoga, según Mark Singleton — un río que se ramifica, no una línea recta.
Según Mark Singleton
La historia del yoga — un viaje largo, en constante transformación
Civilizaciones del valle del Indo2500–1500 a. C.
Figurillas, sellos y posturas proto-yóguicas. El cuerpo ya medita.
Época védica1500–500 a. C.
Rituales, himnos y especulaciones sobre el ser, el aliento y la mente.
Upanisads500–200 a. C.
La búsqueda interior. Atman, Brahman y los primeros mapas del yoga.
Yoga clásico de Patañjalis. II a. C. – II d. C.
El sistema del yoga. Ocho miembros para calmar la mente y ver con claridad.
Yoga postclásico y Tantras. V–XII
Nuevas prácticas, devoción, mantras, energía sutil y el despertar interior.
Hatha Yogas. XIII–XVII
El cuerpo como herramienta. Posturas, aliento, limpieza, energía.
Yoga moderno en la Indias. XIX – principios s. XX
Reforma, educación física, nacionalismo y nuevas escuelas de yoga.
Yoga global contemporáneos. XX–XXI
El yoga viaja por el mundo y se adapta a nuevas culturas y necesidades.
No es una línea recta, ni una historia de "mejores" o "peores" épocas.
Es un río que se ramifica, desaparece, vuelve a brotar y sigue fluyendo.
El yoga siempre ha sido lo mismo: una invitación a conocer quién eres realmente.
Para profundizar
El Museo del āsana
Si quieres el desglose completo, postura por postura, con láminas ilustradas, documentos históricos reales y una línea de tiempo de cada texto clásico, visita el Museo del āsana: un recorrido dedicado por entero a la historia concreta de las posturas de yoga.
Entrar en el museo →Si llevas un tiempo practicando yoga, es probable que hayas oído decir que las posturas que hacemos hoy tienen miles de años de antigüedad. Es una idea muy extendida. También es, al menos en parte, un mito.
Durante mucho tiempo imaginé que las secuencias de asanas que practicamos hoy descendían de los antiguos yoguis de la India. Pero cuando leí El cuerpo del yoga, de Mark Singleton, descubrí una historia bastante más compleja... y, en mi opinión, más fascinante. La mayor parte del yoga postural que hoy se practica en Occidente es sorprendentemente reciente. Muchas de sus posturas y secuencias comenzaron a consolidarse durante las primeras décadas del siglo XX, en un contexto de diálogo entre las tradiciones indias, la gimnasia europea, la cultura física, el nacionalismo indio y las nuevas ideas sobre salud y educación física.
Incluso el famoso saludo al sol (Sūrya Namaskāra), que muchas personas imaginan como un ritual milenario, no aparece descrito en los textos clásicos del yoga. Su forma moderna empezó a difundirse en la década de 1920 gracias al rajá de Aundh, Bhawanrao Pant Pratinidhi, que lo promovió como un método de ejercicio físico accesible para toda la población. Más tarde sería incorporado y transformado por maestros como Krishnamacharya y, después, por Pattabhi Jois, B. K. S. Iyengar y muchos otros.
¿Quiere decir eso que el yoga moderno es «falso»? No necesariamente. Aunque conviene no confundir evolución con ocurrencia. Que el yoga haya cambiado a lo largo de la historia no significa que cualquier actividad a la que añadamos la palabra «yoga» pase automáticamente a formar parte de esa tradición. El yoga con cerveza, el yoga con cabras o el yoga sobre una tabla de paddle podrán ser experiencias divertidísimas, pero cuesta ver qué relación guardan con los objetivos clásicos de la práctica.
En cualquier caso, el yoga siempre ha sido una tradición viva. Ha cambiado de forma una y otra vez, dialogando con las culturas y las necesidades de cada época. Y es probable que eso mismo siga ocurriendo hoy. Quizá no debería preocuparnos tanto si una postura tiene doscientos o dos mil años. Tal vez sería más interesante preguntarse qué aporta a la persona que la practica. Hoy en día sabemos bastante más sobre anatomía, dolor, movimiento y biomecánica que hace un siglo. Sería extraño ignorar todo ese conocimiento solo porque una determinada manera de hacer una postura sea más antigua. Las tradiciones sobreviven precisamente porque son capaces de adaptarse sin perder aquello que las hace reconocibles.
Quizá la verdadera tradición del yoga no consista en conservar cada postura exactamente igual, sino en mantener viva la misma pregunta que lo acompaña desde hace siglos: ¿cómo podemos vivir con más atención, más libertad y menos sufrimiento?
— Yoga Grund Málaga