A fondo
Un recorrido postura a postura por la secuencia clásica del método Sivananda: técnica, alineación, beneficios respaldados por evidencia y precauciones.
Swami Sivananda (1887–1963) nació como Kuppuswami Iyer en Pattamadai, en el sur de la India. Antes de tomar el camino del monje, se formó y ejerció como médico, incluidos varios años en Malasia británica, donde cuidó a trabajadores en condiciones muy duras. Esa vocación de servicio le acompañaría el resto de su vida, primero como médico del cuerpo y después como maestro del alma.
A comienzos de los años veinte lo dejó todo para convertirse en monje errante y acabó estableciéndose en Rishikesh, a orillas del Ganges, donde se entregó de lleno a la práctica del yoga y la meditación. Allí fundó en 1936 la Divine Life Society, y en 1948 la Yoga-Vedanta Forest Academy, uno de los primeros modelos de formación de profesores de yoga que después se replicaría por todo el mundo.
Sivananda escribió cerca de 300 libros y llamó a su enfoque «yoga de la síntesis»: una integración de los distintos caminos clásicos —karma yoga, bhakti yoga, jñāna yoga y rāja yoga— antes que la adhesión a uno solo. En 1957 envió a uno de sus discípulos más cercanos, Swami Vishnudevananda, a Occidente, con una instrucción tan breve como determinante: «Ve. La gente está esperando». De ese viaje nacería lo que hoy conocemos como yoga Sivananda, sistematizado en torno a cinco principios y una secuencia de doce posturas clásicas.
Swami Krishnananda y Swami Sivananda (derecha), c. 1945. Dominio público — Wikimedia Commons.
shirshásana
Postura sobre la cabeza — la postura de inversión por excelencia. Requiere preparación, enfoque y buena base.
El nombre Śīrṣāsana es relativamente moderno. La postura, con otros nombres, es mucho más antigua: el Yogaśāstra de Hemacandra (s. XI) ya la describe como Duryodhanāsana. El Malla Purāṇa (s. XIII) es el primer texto que la menciona con el nombre Śīrṣāsana, aunque sin describirla. Como inversión (Viparītakaraṇī), aparece descrita en el Dattātreyayogaśāstra (s. XIII) y como mudrā en el Haṭha Yoga Pradīpikā (s. XV).
Para evitar la carga cervical, trabajamos habitualmente la inversión con cuerdas o taburete en lugar de realizar la Śīrṣāsana clásica sobre la cabeza.
sarvangásana
Postura sobre los hombros — llamada tradicionalmente «la reina de las āsanas». Inversión completa apoyada en hombros y brazos.
El nombre Sarvāṅgāsana es moderno. La forma más antigua documentada, como inversión de tipo similar bajo el nombre Viparīta Karaṇī, aparece en la Śiva Saṃhitā (s. XIV), y después en el Haṭha Yoga Pradīpikā (s. XV) y la Gheraṇḍa Saṃhitā (s. XVII).
Todas las variantes mantienen la condición de inversión, aunque no podemos asumir que reproduzcan todos los efectos atribuidos tradicionalmente a Sarvāṅgāsana.
jalásana
Postura del arado. Combina inversión, flexión de cadera y flexión de columna. Suele llegar tras Sarvāṅgāsana en la secuencia Sivananda.
A diferencia de Śīrṣāsana y Sarvāṅgāsana, Halāsana no parece figurar en los grandes textos medievales del haṭha yoga. Una postura reconocible como el arado aparece documentada en el Śrītattvanidhi (s. XIX) bajo el nombre Lāṅgalāsana —«lāṅgala» significa igualmente «arado»—. En nuestro eje histórico la situamos, por tanto, como moderna temprana, del siglo XIX, no medieval: aunque las tres puedan parecerle igual de «ancestrales» a quien practica hoy, su historia documental no es la misma.
Las tres representadas son deliberadamente funcionales: pies sobre una silla (reduce la exigencia de llegar al suelo), manta doblada bajo los hombros (como en Sarvāṅgāsana, reduce la flexión cervical) y apoyo de los pies en una pared a altura adaptable.
matsiásana
La postura del pez — y por qué en mis clases suele aparecer, en su lugar, el puente.
Matsyāsana está descrita en la Gheraṇḍa Saṃhitā (2.21), del siglo XVII. Tradicionalmente aparece después de Sarvāṅgāsana y Halāsana como una especie de contrapostura: frente a la flexión predominante de las dos anteriores, el pez lleva el tronco hacia la extensión y abre la parte anterior del cuerpo.
El pez está aquí porque forma parte de las doce posturas básicas de Sivananda. Pero una cosa es estudiar una tradición y otra convertirla en una pieza de museo: mi manera de enseñar también ha cambiado con los años.
Matsyāsana aparece hoy poco en mis clases. En su lugar suelo trabajar Setu Bandha Sarvāṅgāsana, la postura del puente — una postura que me permite explorar la extensión y la apertura anterior del cuerpo de una manera que encuentro más fácil de graduar y adaptar, y sin exigir la misma extensión cervical marcada del pez. No es una sustitución «oficial» ni son posturas equivalentes: es una decisión pedagógica.
La investigación electromiográfica sobre ejercicios de tipo bridge confirma una participación relevante de musculatura del tronco y de las extremidades inferiores.[1]
Altura de la pelvis, posición de los pies, tiempo de permanencia, repeticiones dinámicas o estáticas, apoyo de la pelvis sobre un bloque... El puente admite muchas más variables de ajuste que el pez, lo que lo hace más fácil de adaptar a distintos alumnos.
Un detalle interesante: algunos protocolos de yoga investigados en personas con dolor lumbar han utilizado el puente como adaptación cuando posturas invertidas como Halāsana o Sarvāṅgāsana resultaban difíciles. En un ensayo reciente sobre dolor lumbar mecánico, Setu Bandhāsana se incluyó dentro de un programa orientado a extensión suave y fortalecimiento de glúteos e isquiotibiales.[2] Esto no demuestra que el puente por sí solo trate el dolor lumbar —se estudió como parte de un programa completo—, pero sí respalda la lógica biomecánica de su uso.
pashimotanásana
Flexión sentada hacia delante. Pertenece al yoga premoderno.
Paścimottānāsana aparece descrita en el Haṭha Yoga Pradīpikā, compuesto aproximadamente en el siglo XV — una de las posturas medievales que han llegado hasta la práctica contemporánea.
Flexionar las rodillas modifica la demanda sobre los isquiotibiales y puede hacer que la postura resulte mucho más accesible. No es una versión «mal hecha» de Paścimottānāsana ni una postura de segunda categoría.
Lo mismo ocurre al sentarnos sobre una manta o un soporte: elevamos ligeramente la pelvis y modificamos la relación entre pelvis, piernas y columna, lo que puede facilitar la inclinación hacia delante. La cinta tampoco está para tirar con más fuerza del cuerpo: prolonga el alcance de los brazos y permite encontrar una posición que podamos mantener sin forzar.
buyanguásana
Postura de la cobra. Extensión de columna desde decúbito prono.
Su historia documental es posterior y conviene distinguirla de otras posturas de extensión que sí aparecen en fuentes premodernas. Por prudencia, no asignamos aquí una fecha concreta de «invención»: la historia de una postura no comienza necesariamente con la primera fuente escrita que conservamos.
Apoyar los antebrazos y realizar Salamba Bhujaṅgāsana (esfinge) reduce el grado de extensión y permite explorar el movimiento de una manera más suave. También podemos realizar una cobra baja, dejando los codos flexionados y elevando menos el tórax.
La altura alcanzada no mide la calidad de Bhujaṅgāsana. Una cobra pequeña, controlada y cómoda puede tener mucho más sentido que una extensión profunda conseguida empujando con los brazos. Existe investigación clínica específica sobre la esfinge y el dolor lumbar crónico, aunque su existencia no justifica todavía convertir la postura en un tratamiento universal para el dolor de espalda.[3]
shalabhásana
Postura del saltamontes. La única de la serie que trabaja la extensión elevando las piernas, no el tronco.
La Gheraṇḍa Saṃhitā (2.39) la incluye entre sus 32 āsanas, pero la describe de forma bastante más modesta que la versión actual: las palmas apoyadas junto al pecho y las piernas elevadas apenas «un codo» del suelo. La forma que practicamos hoy —brazos junto al cuerpo y elevación más amplia— se sistematiza en el siglo XX, con manuales como el de Swami Vishnudevananda (1960) en la propia tradición Sivananda.
Suelo introducirla a través del medio saltamontes (ardha śalabhāsana): elevando una sola pierna cada vez, o con la variante en la que una pierna flexionada sirve de apoyo a la otra. Elevar las dos piernas juntas exige bastante fuerza lumbar y de cadera; hacerlo de una en una permite el mismo trabajo con una carga mucho más razonable.
danurásana
Postura del arco. Tumbados boca abajo, sujetamos los tobillos y elevamos el cuerpo hasta formar la curva de un arco tensado.
Este es uno de los casos más interesantes de toda la serie. El nombre Dhanurāsana aparece ya en el Haṭha Yoga Pradīpikā (s. XV, HYP 1.25) y en la Gheraṇḍa Saṃhitā (s. XVII), pero las descripciones son ambiguas: varios estudiosos (Hargreaves y Birch) sostienen que el texto describe más bien una postura sentada, tirando de los pies hacia las orejas como quien tensa un arco — más cerca de Ākarṇa Dhanurāsana que del arco boca abajo. La versión que hoy llamamos «postura del arco», el backbend en decúbito prono, se consolida en el siglo XX. Un mismo nombre, dos posturas distintas.
Si las manos no llegan a los tobillos —algo muy común, y que depende sobre todo de la movilidad de hombros y cuádriceps—, una correa alrededor de los tobillos permite hacer la postura con todo su sentido. No es una versión descafeinada: es la que te deja trabajar el arco sin forzar los hombros ni la zona lumbar.
arda matsiendrásana
Media torsión espinal. La única torsión de la serie, y una de las pocas posturas clásicas nombrada en honor a un maestro.
La torsión sentada aparece en el Haṭha Yoga Pradīpikā (1.26-27, s. XV) y después en la Gheraṇḍa Saṃhitā (2.22-23, s. XVII). Su nombre honra a Matsyendra, «señor de los peces», una de las figuras fundacionales del haṭha yoga. La forma que describen los textos clásicos es la versión completa (Paripūrṇa Matsyendrāsana); la «media» torsión que practicamos habitualmente es una adaptación posterior, más accesible.
Cruzar las dos piernas (versión clásica) exige bastante movilidad de cadera. Dejar la pierna inferior extendida (la variante de la lámina) mantiene la pelvis mucho más estable y permite centrarse en la rotación de la columna, que es lo que de verdad define la postura. Para la mayoría de las personas, es una forma más limpia de trabajar la torsión.
kakásana
Postura del cuervo. La única postura de equilibrio sobre las manos de la serie.
Los equilibrios sobre los brazos aparecen en textos tardíos del haṭha yoga: el Haṭha Ratnāvalī (s. XVII) lista Bakāsana entre sus 84 āsanas, y el Śrītattvanidhi (s. XIX) ilustra tanto Bakāsana como Kākāsana. Un matiz que suele confundirse: por tradición, Kākāsana (cuervo) se hace con los brazos flexionados, y Bakāsana (grulla) con los brazos rectos. En la tradición Sivananda, el manual de Vishnudevananda (1960) describe justamente Kākāsana, la del cuervo, con los codos doblados.
El miedo a caer de cara es el principal obstáculo, más que la fuerza. Ayuda mucho colocar un cojín o una manta doblada delante, y trabajar la postura sobre bloques bajo las manos (como en la variante de la lámina): elevar el punto de apoyo reduce la sensación de vértigo y facilita subir la cadera. También vale empezar despegando un solo pie cada vez.
pada jastásana · también Uttānāsana
Flexión hacia delante de pie. La versión de pie de la pinza que ya vimos sentados en Paścimottānāsana.
Aquí se repite el patrón de Dhanurāsana: el nombre Uttānāsana aparece en el Śrītattvanidhi (s. XIX), pero describía una postura completamente distinta —tumbado boca arriba, con los codos hacia las rodillas y las manos tras la nuca—, no una flexión de pie. La flexión hacia delante de pie que practicamos hoy es una postura moderna, del siglo XX, descrita por Krishnamacharya (1934) y difundida después por sus discípulos. «Pāda Hastāsana» (mano al pie) es la variante en la que las manos se llevan bajo los pies o hacia los tobillos.
Vale exactamente lo que dijimos en Paścimottānāsana: rodillas dobladas no es hacer trampas, y un bloque bajo las manos (como en la variante de la lámina) no es una versión menor. Elevar el suelo hasta las manos permite mantener la espalda más larga y trabajar la flexión de cadera sin forzar los isquiotibiales.
trikonásana
Postura del triángulo. Cierra la serie: la única postura de pie, lateral y de apertura amplia.
El triángulo es una de las posturas más claramente modernas de toda la serie. No aparece en el Haṭha Yoga Pradīpikā ni en la Gheraṇḍa Saṃhitā: los textos medievales se centran en posturas sentadas y muy pocas de pie. Trikoṇāsana se describe por primera vez en el siglo XX, en la enseñanza de Krishnamacharya (Yoga Makaranda, 1934) y sus discípulos. Se cree que Krishnamacharya, buscando revitalizar y popularizar el yoga, se inspiró en parte en la cultura física occidental de la época (gimnasia y disciplinas corporales). Un buen recordatorio para cerrar la serie: «clásico» no siempre significa «antiguo».
Llevar la mano hasta el suelo obliga a la mayoría de las personas a acortar el costado o a rotar el pecho hacia abajo. Apoyar la mano en un bloque (como en la variante de la lámina) sube el suelo hasta ti y te permite mantener el tronco largo y el pecho abierto — que es justo lo que define el triángulo. No es una versión menor: para muchos cuerpos es la más correcta.